Provoca asombro, en ciertas instancias, formar parte de una sociedad progresista, que en pleno tercer milenio, no construye todavía una verdadera jerarquía de valores y prioridades, consecuentemente a las necesidades fundamentales que agobian a la humanidad global del planeta.
En el umbral del término de la primera década del siglo XXI, la infancia sin derecho a escolaridad alcanza la impactante cifra de 75 millones de niños -sin considerar a aquéllos inducidos a una deserción del sistema o a la transculturización de sus raíces identitarias-. En síntesis, más de 100 millones de niños, a través del mundo, son transgredidos en su derecho a la educación -una evidencia más del desacierto con que se priorizan las políticas del progreso, al momento de atender las demandas y necesidades esenciales de nuestra sociedad.
La Educación se nos descubre con una aparente envergadura que rápidamente se olvida, posterga o desconoce, al momento de priorizar necesidades. Pese a constituir una necesidad social inalienable para toda cultura, la postergación y el diletantismo de las decisiones pareciera ser un tópico muy común en torno a la priorización de la Educación, al momento de elaborar políticas que favorezcan su calidad y equidad.
Mas, si la Educación no es una prioridad para las jerarquías valóricas y prácticas sociales actuales, entonces, ¿qué lo es? Dentro de una sociedad acostumbrada a soluciones y frutos inmediatistas, no sólo el acceso educativo nos llama a una reflexión activa, sino, además, sus proyecciones de calidad, cantidad y equidad.
Sin duda, así lo asumen las nuevas propuestas y políticas de Educación española, europea e hispanoamericana, atendiendo a la llamada de Koïchiro Matsuura -Director General de la UNESCO- quien ha incentivado a los países desarrollados, específicamente, a combatir el fracaso escolar en la Educación Secundaria -principal reto educativo en toda Europa, primordialmente en España, donde el fracaso escolar secundario alcanza el 30% respecto de la población escolar mundial.
Pese a que a nivel mundial se han conseguido algunos logros de importancia, durante los últimos años, dentro de la realidad de la Educación española aún subsisten los problemas de calidad y cantidad, como principales desafíos educativos que entorpecen el ritmo de crecimiento integral de la sociedad actual.
En búsqueda de soluciones acertadas, las políticas del Ministerio Español de Educación se centran en el mejoramiento del contexto de los contenidos educativos para todos los estudiantes, tanto de aquéllos que acceden a la enseñanza en los países en vías de desarrollo, como de los que gozan del progreso que reporta el desarrollo global.
No se trata sólo de beneficiar el acceso en cantidad, sino de asegurar, conjuntamente una excelencia cualitativa, en favor de una equidad imprescindible al momento de promover la Educación. Si bien, en los países subdesarrollados el máximo desafío repercute a partir de la imposibilidad del acceso al sistema educativo, en los desarrollados, el desafío se centra en superar el fracaso escolar y la repetición -que aumenta alcanzando cotas espectaculares, especialmente en el nivel de la enseñanza secundaria.
Un estilo de vida equitativo y centrado en el desarrollo del Ser, nos exige reconstruir y reeducar, a partir de una base social en que la Educación sea, sin lugar a dudas: Prioridad de prioridades.